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Published on March 4th, 2015 | by Daniel Castillejo

Agua limpia, rica y ¡gratuita!

Hoy en día, el simple hecho de abrir un grifo y usar el agua que mana de él no nos parece nada extraordinario. Es algo que llevamos décadas haciendo y lo vemos como algo casi natural. Es un gran logro haber llegado hasta aquí, pero ¿no os parece absurdo traer agua de tan lejos para luego purificarla, cuando cae todos los años sobre nuestros tejados, gratis y a nuestra entera disposición?

La tecnología y las grandes infraestructuras hidráulicas han hecho que la cultura del aprovechamiento del agua en las ciudades, que ya existía en tiempos de Roma, se haya perdido, al menos en el mundo desarrollado. Sin embargo, hay gente que está empezando a hablar y a experimentar sobre el tema. Michael Mobbs es un consultor en medioambiente australiano que lleva desde 1996 recogiendo agua de lluvia para usarla en su vivienda en Sydney, tanto para el jardín como para las necesidades del hogar.

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Durante casi veinte años, Mobbs ha estado analizando las características del agua que recogía y se ha encontrado con la sorpresa de que no sólo no está contaminada, sino que es incluso más limpia que la de la red. En su libro “Sustainable House”, explica cómo él y su familia tuvieron que sobreponerse a los temores de arquitectos, burócratas y fontaneros, investigando ellos por su cuenta. “El agua sabe deliciosa: fresca, dulce y con el frío del depósito enterrado, carece del sabor del cloro y demás aditivos usados en la red pública”, dice Mobbs en su libro.

Para conseguir esta pureza en el agua, el sistema de recogida diseñado por Mobbs desecha los primeros 10 l de lluvia recogidos, que no van a parar al tanque de almacenamiento. Además, unos filtros evitan que residuos como sedimentos, hojas o cualquier otro tipo de objeto entren por los canalones y tuberías de recogida. Todo el agua va a parar al depósito de 10.000 litros que tiene enterrado en el patio de la vivienda, suficiente para una familia de dos personas y para recoger el agua de lluvia que cae sobre su pequeño tejado.

La recogida de agua de lluvia no sólo es buena porque nos permite aprovechar un recurso que cae sobre nuestras casas y porque nos evita la ingestión de sustancias químicas como el cloro, sino que, además, libera a las redes de alcantarillado de nuestras ciudades del paso de una gran cantidad de agua, haciéndolas más duraderas y sostenibles en el tiempo. Los romanos ya lo hacían hace 2000 años. ¿Eran más listos que nosotros?


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